Lo que no puedo contar de mi gran proyecto.

En 2017 me encargaron el proyecto más grande de mi vida.

Fue para una plataforma líder de la que me prohibieron decir su nombre.

Ya sabes, política de empresa 🙂

No entiendo mucho la lógica, la verdad… 

Lo que sí que no tenía ni idea de lo que me venía encima.

Spoiler: Me pegué un castañazo que me enseñó más que cualquier máster.

Fueron más de 300 audiolibros.

35 locutores españoles y latinoamericanos.

Un plazo que no admitía excusas.

Trabajé cuatro meses sin dormir.

Catorce, dieciséis horas al día.

Y aun así, fallé en cosas. No voy a decir que fue un éxito redondo porque no lo fue.

Pero aprendí lo que no está escrito en ningún manual.

 

Lo que aprendí a las malas

Aprendí que no todas las voces aguantan diez horas de grabación.

Algunas se rompen en la tercera. Y cuando eso pasa a mitad de un proyecto, el problema es tuyo, no del locutor.

Aprendí que la edición es el doble de trabajo que la grabación.

Por cada hora de audio final, hay tres o cinco horas de edición detrás.

Limpiar respiraciones, corregir errores, igualar volúmenes, eliminar ruidos de boca. Todo.

Aprendí que, una vez grabado el audiolibro, una segunda persona debe «puntear» el audio para comprobar que el locutor no se ha dejado alguna palabra o frase o haya algún error en la locución. O sencillamente, ha perdido el ritmo o no entona bien una palabra.

Aprendí que Audible no perdona.

El Noise Floor tiene que ser absoluto.

Los picos y el RMS tienen que estar dentro de unos márgenes matemáticos. La consistencia entre el capítulo 1 y el capítulo 15 tiene que ser exacta aunque se hayan grabado con semanas de diferencia.

Un fallo y rechazan meses de trabajo.

Aprendí que el casting no es elegir una voz bonita.

Es elegir una voz que aguante, que interprete, que no aburra en el capítulo dos y que encaje con el tono exacto del libro. No existe una voz estándar que valga para todo.

Aprendí también que hay locutores que dicen «sí, mañana lo acabo» durante semanas.

Al final del proyecto, agotada, con todo entregado, un locutor de Latinoamérica dejó un audiolibro sin terminar. No contestaba. O contestaba con promesas que nunca llegaban.

Fue uno de los momentos más angustiosos de todo el proyecto.

Menos mal que teníamos una norma clara: se paga a la entrega del audio. Sin audio, sin pago. Esa norma me salvó entonces y sigue siendo innegociable hoy.

Y por si faltaba algo, a última hora añadieron más audiolibros que no estaban previstos en el encargo original.

Los añadieron porque les había entrado en el último momento.

Cuando ya estaba al límite.

Fue una locura absoluta.

 

Lo que cambió después

Acabé ese proyecto enferma. Cuatro meses sin dormir tienen consecuencias.

Pero también acabé siendo otra profesional.

Hoy cada audiolibro que produzco lleva ese aprendizaje encima.

Por eso solo acepto tres proyectos al mes.

Para revisar cada respiración, cada matiz y cada segundo de audio yo misma.

Por eso entrego archivos listos para todas las plataformas, a la primera.

Porque sé exactamente lo que se rechaza.

Por eso lo primero que te pregunto no es el género ni el número de páginas.

Es si tu libro ya vende.

Porque un audiolibro no resucita libros.

Todo lo que exijo hoy, lo aprendí entonces.

A las malas.

Suscríbete, es gratis. Darte de baja, también. 

Y además podrás descargarte el mejor secreto sobre los audiolibros.

Este sitio está protegido por reCAPTCHA. Se aplican la Política de Privacidad y los Términos de Servicio de Google.

Descárgate la checklist para contratar un locutor tú mismo

Rellena el formulario y hablamos enseguida.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.